miércoles, 18 de junio de 2008

Retrato a las cuatro y veintisiete


Son las cuatro y veintisiete,

la madrugada pernocta entre tu ser y mi deseo,

hoy no llueve más,

aunque sea le pido un respiro a mi conciencia,

si obtengo retratos que nunca soñe de ti.

O sí.

La mañana cambió las guirnaldas por tus sonrisas de colores,

hermosa y fresca sensación matutina,

tenue y lánguida observación a tu ser,

has quedado reposada en mi lecho,

ante la más triste mirada de este siglo.

Puedo contemplar,

Puedo esperar,

quiero un futuro de tí,

quiero un futuro de mí,

y cuando despiertes,

el campo de rosas será tu velador y mi consuelo,

podrás caminar mi pecho y su angustia,

triturarlo y gozarlo,

aunque nunca podrás olvidar,

que nunca así he amado,

aunque nunca podrás olvidar,

que el incienso se acaba a las seis,

que mi amor nunca acabará,

mientras pueda seguir viviendo,

estarás por siempre en mi corazón,

y cada centímetro de mi cuerpo,

relatará su inolvidable sensación a tu tacto y su origen,

su campo de batalla,

su fé en el abismo de tus encantos,

la cofradía que ya no era parte de este asunto de desvelos,

el inolvidable intento de tenerte por siempre,

ante la atenta mirada,

de quien mas te amará en este universo.


Por J.C.

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